PUYOLAZO
No puedo evitarlo, la fiebre del mundial me ha contagiado. En realidad ya se me contagió en el 94 con el codazo de Tasotti a Luis Enrique y su llanto de sangre y desesperación, pero hasta ahora nunca me había emocionado tanto, ni había visto a tanta gente enloquecida por la Copa del Mundo. El mundial llega como un tsunami que lo arrastra todo, ya habrá tiempo para el mundo real, ahora reina la alegría.
Ayer ocurrió uno de esos momentos de locura tsunámica: el gol de Puyol ante Alemania.
La jugada era un córner ensayado pero alguien no siguió el guión y todo restalló por los aires: sería un pase magistral de Xavi, y Piqué, el único jugador que puede competir en juego aéreo con los alemanes por sus 1′96 m, saltaría y remataría a ver si hay suerte.
Pero de repente, de nadie sabe dónde, desde una sombra, desde una tiniebla, sale una especie de jabalí enloquecido, vuela furioso por encima de Piqué embistiéndolo como a una brizna, frunce el ceño en torva faz, y de un cañonazo que además de la fuerza de su testa y de su corazón lleva la RABIA de 46 millones de personas, revienta el muro alemán mientras al portero sólo le queda rezar para que el balón no le dé en la cara, sabiendo que si te golpea ese testarazo te desintegra en polvo estelar.
Grabad a fuego este gol en vuestro cerebro porque se narrará boca a boca, de abuelos a nietos y de generación en generación durante siglos, al modo de las antiguas poesías épicas.
EDITADO [11/7/2010]: ¡¡CAMPEONES!!



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